TENDEMOS AL CONOCIMIENTO

Los seres humanos, generalmente, tendemos al conocimiento. De forma natural, nos sentimos inclinados a aprender, a enterarnos de noticias o sucesos y observamos nuestro alrededor y también a nosotros mismos en busca de datos e información.

Queremos saber, impulsados por diferentes motivos. Entre esos motivos hay uno en nuestra opinión hay uno esencial: la información nos da confianza. Se suele decir: "La información es poder", es decir, capacidad, seguridad. 

Por supuesto, no es lo mismo información que conocimiento; no son términos equivalentes. Pero podríamos sustituir perfectamente la palabra información por conocimiento y la frase seguiría teniendo significación plena: "El conocimiento es poder".

El conocimiento destruye la falta de certeza y la inquietud que pude provocar la incertidumbre, el no saber. El no saber cómo resolver un problema, de qué modo afrontar una dificultad, qué está ocurriendo o que sucedió en el pasado o sucederá en el porvenir.

Asumimos que el futuro nos es desconocido y prácticamente imposible de conocer. Y, aún así, hemos creado métodos de adivinación, en sus diversas formas (oráculos, interpretar el vuelo de las aves, tarot, posos de té o café, etc.) para intentar conocer el futuro. Hasta este punto, tal vez extremo, llega nuestro deseo de saber.

Como es obvio, se constata un afán de control mediante el conocimiento sea del tipo que sea: conocimiento tecnológico, científico, teórico o práctico, intuitivo, profético, cultura general, esotérico, mitológico, religioso, humanístico, de la historia, de psicología, de medicina, de idiomas...

El conocimiento, en términos generales, satisface el deseo de saber, sacía la curiosidad,  guía la acción, ayuda a entender, hace desaparecer la ignorancia y disipa los sentimientos que suelen acompañarla: inquietud, ansiedad, desvalimiento, temor, desasosiego...


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